Aletargado... -_-'

lunes 3 de agosto de 2009

Por Favor, Mátame. (La historia oral del Punk)

Sexo, drogas y Rock’n’Roll (mucho de las tres cosas y más de locura). Esta frase, ya tan gastada, resume perfectamente lo que Legs McNeil, uno de los fundadores de la revista Punk, y Gillian McCain, recopilaron de entre cientos de entrevistas y ordenaron de forma más o menos cronológica en Por Favor, Mátame (Please Kill Me), un libro que narra los principios del movimiento musical surgido a mediados de los años 60, en Estados Unidos (no en Inglaterra en el 77, como se obstina en replicar esa gente que no tiene ni puta idea del asunto :P) y que tomó el nombre del citado fanzine.
A mi me lo dejó hace 6 o 7 años mi amigo “El Bola” y disfruté tanto leyéndolo que en cuanto lo he visto en la FNAC lo he trincado sin pensarlo.
Es esa forma de narración en pequeños fragmentos extraídos de las declaraciones de aquellos que estuvieron en el meollo del asunto lo que le da su mayor atractivo. Es un libro muy fácil y entretenido de leer. Nada de expertos soltando rollos pedantes, idealizando a sus ídolos como quinceañeras. Son los propios Iggy, Wayne Kramer, Cheeta Chrome, Johnny “Costroso” Thunders, los hermanos Asheton y todos esos yonkis zumbados los que nos cuentan como recuerdan aquello, los que lo deforman, intencionadamente o no. De sus propias bocas es de donde surgen las situaciones absurdas y descojonantes que conformaban sus vidas. Aquí están, para lo bueno y para lo malo, los integrantes de la Velvet Underground, MC5, Stooges, New York Dolls, Ramones, Dead Boys, etc, contándonos como se les iba la olla de tanto jaco y tantos quaaludes, y por mi madre que me he reído sólo un montón de veces con este libro.
Como quiero permanecer fiel al espíritu de Por Favor, Mátame y no enrollarme demasiado, simplemente os dejo algunos de los fragmentos más cachondos y memorables:

LEEE CHILDERS: Las compañías de discos reconocían que no estaban en el ajo. En los años sesenta no se enteraban de nada. Por eso contrataban a gente cuyo trabajo era estar en el ajo. Era una gran idea.
DANNY FIELDS: Querían a alguien que llevara los pantalones de campana, fumara porros y tomara LSD en la oficina. Me sentaba allí y lo lamía. Solía tener las manos de color naranja.

RON ASHETON: Recuerdo que un año hicimos un intento de volver al instituto, el primer día de clase. Aposté con Scotty y Dave cuánto íbamos a durar. Les dije, “Tu, Dave, durarás unas tres horas; Scotty durará medio día, y yo, seguramente, llegaré al día entero”. Dave me miró, con su lata de Colt 45 en la mano. Ya se había bebido dos, y eran las nueve de la mañana. Me dijo, “Has perdido. Yo me largo ahora”.

RON ASHETON: Nuestro primer bolo fue en el Grande Ballroom. […] La noche anterior no sabíamos lo que Iggy se iba a poner, y nos dijo, “Tranquilos, ya se me ocurrirá algo”.
Cuando le fuimos a buscar, llevaba puesto un camisón largo del siglo XIX, largo hasta los tobillos. Se había pintado la cara de blanco, como un mimo, y se había fabricado una peluca afro con papel de aluminio. […] Cuado bajamos del coche, el guardia de seguridad negro del parking nos dice, “Joder, ¿qué coño es eso, un hombre mecánico o qué?”. Se estaba partiendo el culo.

DANNY FIELDS: […] “Creo que deberíamos quedarnos a los dos grupos”, dije yo.” A ver si puedes conseguir al grupo grande por 20.000 y al pequeño por 5.000”.
Tapé el aparato con la mano y le dije a John Sinclair, “¿Aceptaíais 20 de los grandes?”.
Sinclair de puso blanco y cayó de espaldas.
Y a Jim Silver le dije, “¿Aceptaríais cinco?”
Tuvieron que traerles sillas y licores a los dos. El trato estaba hecho.

RON ASHETON: […] Yo era el padrino. Nuestro manager, Jimmy Silver, que es judío, oficiaba la ceremonia. La mujer de Iggy también era judía. […] Así que los MC5 acabaron emborrachándose con el estómago vacío. Fue divertido. Incluso vino la poli. Dijeron “Eh, está ondeando ahí fuera la bandera de Sears Roebuck (unos supermercados), eso está prohibido”. Dijeron que iba contra la ley izar cualquier bandera que no fuera estadounidense. Así que icé la bandera suiza. Me volvieron a decir que no podía poner esa bandera tampoco, así que les dije, “Vale, si lo que queréis es detenerme, ahora vais a ver”, y entonces icé la bandera con la esvástica.

RON ASHETON: […] Pero recuerdo que después de marcharse, Iggy bajó en busca de consejo. Se acercó a mi y me dijo, “Creo que tengo un problema, ¿puedes decirme qué es?” Entonces se sacó la polla, la sacudió y le salió una sustancia pegajosa y verde. “Amigo, tienes purgaciones”, le dije. Nico le dio a Iggy su primera dosis de gonorrea.

BILL CHEATHAM: No se como, Scotty Asheton acabó debiendo dinero a una banda de motoristas, e iban a por él. Querían darnos una paliza, robarnos el equipo y destrozar el lugar.
Era como sitiar la Fun House. Convertimos la casa en un fuerte. Pusimos contrachapado en las ventanas y reunimos un montón de armas, escopetas, pistolas, de todo. […] La cosa era que para entrar en la casa teníamos que romper el cerrojo y luego volver a montarlo, para que nadie entrase. Así la puerta cada vez tenía más agujeros.
Pasaron cuatro días, los motoristas no venían, y nosotros nos moríamos de ganas de apretar el gatillo.
Estábamos sentados en el sofá, y había una foto de Elvis en la pared. Scotty la miraba fijamente. De repente, cogió la escopeta y ¡BOOM!, agujereó a Elvis. Todos abrimos fuego y dejamos la pared llena de agujeros.

IGGY POP: Resulta que en aquella época, mis criterios eran diferentes a los de los demás. Quería que la música saliera de los altavoces y te agarrara por el cuello, te aplastase la cabeza contra la pared y te matara.

JOEY RAMONE: Éramos sólo nosotros tres. Yo tocaba la batería. Dee Dee tocaba la guitarra rítmica y hacía la voz solista. Cuando se ponía a cantar, dejaba de tocar la guitarra, porque no podía hacer las dos cosas a la vez.

LEGS MCNEIL: Justo cuando estábamos hablado con Lou Reed, los Ramones subieron al escenario y la visión fue impactante. Cuatro tíos cabreadísimos con chaquetas de cuero negro. Era como si la Gestapo acabara de entrar en la sala. No había duda de que aquellos tíos no eran hippies.
Dieron la entrada a una canción, “¡Un, dos, tres, cuatro!”, y un estallido de sonido inundó el local, una especie de huracán que tiraba par atrás, y, antes de que hubieras podido acostumbrarte a el, se pararon.
Parece ser que estaban tocando todos una canción diferente. Los Ramones tuvieron una pequeña pelea sobre el escenario. Estaban tan cabreados entre sí que tiraron las guitarras al suelo y se largaron.
Fue increíble. Lou Reed seguía sentado, y se reía.

IGGY POP: […] Yo llevaba un vestido de bailarina y un tanga, y al final me harté. […] Dije, “Que coño, quizá pueda con el”. Solté el micrófono y salté hacia él. Llevaba zapatillas de bailarina y fue como cuando te atropella un tren. “Chu, chu, chu….¡BAM!” […] Volvimos a salir y tocamos “Louie Louie”. Cuando todo va mal toca “Louie Louie”. […] Fue muy raro el encuentro con su madre a la mañana siguiente, imagínate, un tío con un vestido de bailarina, un Danskin, “¡Hola!”.

CHEETAH CHROME: Lou Reed quería producir el disco, pero a los chicos les acojonaba la idea. Por eso cogieron a Felix Pappalardi, que no sabía que coño hacer con los Dead Boys. Había producido a Cream, y no podía entender lo que nosotros queríamos, que no era más que un muro de Marshalls a toda hostia.

MICHAEL STICCA: […] Uno de ellos me gritó, “¿Qué coño estáis haciendo?”, “Estamos esperando un taxi, gilipollas”, le dije yo. […] Pero entonces Johnny Blitz salió corriendo del establecimiento. Al ver que los otros huían dijo, “Se han metido contigo. Los voy a matar” […] Entonces oí una voz que decía, “Saca la pistola”, y me vinieron a la cabeza las imágenes de “Los Héroes de Hogan”. Pensé que si corría en zigzag no me darían. […] Debía de parecer gilipollas.[…]
JEFF MAGNUM: […] Recuerdo que mi madre me dijo una vez: “No cruces nunca la calle sin mirar antes a izquierda y derecha, y nunca grites a un coche lleno de portorriqueños”.

DEE DEE RAMONE: Una noche, Phil (Spector) sacó la pistola y no nos dejaba marchar. John intentó solucionar el tema. Le dijo “Corta el rollo, Phil, o nos largamos”. “Muy bien”, dijo Phil. “Intentadlo. No pienso dejaros marchar”. Tuvimos que quedarnos allí sentados todo el día, mientras nos hacía escuchar “Baby, I Love You” una y otra vez. Yo no sabía lo que estaba bebiendo, porque bebía de una petaca de oro con joyas incrustadas. Parecía Drácula bebiendo sangre. Al final, le dije que me lo dejara probar. Era vino Manischewitz, ja, ja, ja.


Por Favor, Mátame

Autores: Legs McNeil y Gillian McCain
Edición original en inglés: Please Kill Me 1996

Edición traducida al español (2006):
Traducción: Ricard Gil y Antón López
Editorial: Discos Crudos
Páginas: 541