Aletargado... -_-'

lunes 24 de noviembre de 2008

Dune, de Frank Herbert

Siempre me han atraído los mundos ficticios bien construidos, los mitos sustentados por un contexto igualmente imaginado pero con un grado suficiente de detalle y coherencia que, junto al propio auto-acondicionamiento a la hora de sumergirse en una historia de estas características, los dote de un razonable nivel de verosimilitud. El universo creado por Frank Herbert cumple más que de sobra con las premisas de dicho planteamiento.

La primera vez que leí Dune, casi sin referencias y movido sencillamente por la curiosidad, me vi atrapado al instante, ya desde las primeras páginas, en una atmósfera que no se parecía a nada que conociera anteriormente; sensación que me acompañó hasta que lo acabé. La experiencia me resultó tan satisfactoria que me llevó a descubrir que el relato, aunque aparentemente quedaba resuelto al final del libro, continuaba en cinco entregas más escritas por su autor. Por supuesto, dada mi recién adquirida adicción a la especia, me dispuse a zamparme los restantes mamotretos de forma consecutiva para saciar mis ansias.

Dune, es una novela de ficción publicada en 1966 por el escritor estadounidense Frank Herbert, cuyos hechos se desarrollan principalmente en el planeta Arrakis, más conocido como Dune entre sus habitantes, un pueblo adaptado a lo largo de los siglos a las duras condiciones de su mundo, en el que el agua es extremadamente escasa y las temperaturas son inhumanamente altas, haciendo prácticamente imposible la supervivencia. Este planeta es la única fuente conocida de la sustancia más codiciada del universo y, por tanto, el escenario de la mayoría de los conflictos, conspiraciones y traiciones por el control de la misma.
La novela narra el modo en que el heredero de una familia aristocrática, Paul Atreides, llega a convertirse en Muad'Dib, caudillo y mesías del inflexible y supersticioso pueblo Fremen, liderándolos hacia una sangrienta yihad que derrocará al poder establecido y cambiará el destino de toda la raza humana.

No es mi intención realizar un análisis pormenorizado sobre cada uno de los personajes y circunstancias relevantes que transitan a lo largo de los seis libros, para eso siempre está la Wikipedia y, por descontado, la lectura de los mismos, sin contar el hecho de que esto me llevaría a escribir una entrada tan larga que aburriría a las moscas. Sin embargo, me parece conveniente intentar situar el contexto sociopolítico e histórico que enmarca el inicio de la narración.
Herbert nos sitúa en un hipotético y muy lejano futuro, en el que el hombre colonizó hace siglos un sin fin de planetas, hoy gobernados mediante un sistema feudal el cual se apoya en tres pilares básicos: El Imperio, sustentado por una enorme fuerza militar, el Consejo del Landsraad, conformado por feudos planetarios administrados por familias nobles conocidas como las Grandes Casas, y el monopolio comercial denominado C.H.O.A.M., (Combined Honnete Ober Advancer Mercantiles), cuyas acciones están controladas a su vez por el Emperador y las Casas. La Cofradía Espacial articula dicho sistema, posibilitando las comunicaciones interplanetarias mediante naves que emplean una tecnología capaz de plegar el espacio para así poder cubrir enormes distancias que de otro modo estarían a siglos de viaje, siendo por lo tanto inviable cualquier control administrativo o transacción comercial.
Siglos atrás la raza humana hubo de enfrentarse a su inminente extinción a manos de las máquinas, a las que ellos mismos habían dotado de inteligencia para facilitarles la vida. Como siempre ocurre en estos casos, en lugar de ello, las Máquinas Pensantes decidieron someter al género humano a una opresión sin límites en pos de la plena eficiencia, conduciendo a los hombres a la práctica aniquilación, de la cual se salvaron in extremis en lo que se dio en llamar la Jihad Butleriana. Esto sentó las bases del futuro orden político y, entre otras cosas, propició una ola de fundamentalismo religioso que originó un fuerte recelo en la sociedad hacia cualquier artilugio automático y la creación de leyes para prohibir el uso y la fabricación de máquinas que imitaran la mente humana. De modo que el entorno cultural creado por Frank Herbert se aleja por completo de las sociedades hipertecnológicas que son planteadas normalmente en la ciencia ficción, presentando un mundo imbuido de un ambiente altamente místico y caracterizado por un aire inconfundiblemente árabe. En Dune no encontramos ni por asomo frías estancias de paredes blancas o robots pululando por los pasillos, ni grandes batallas intergalácticas, ni mucho menos alienígenas. En su lugar nos vemos inmersos en un mundo de “intrigas dentro de intrigas dentro de intrigas”, con un telón de fondo de mesianismo y superstición, construido con exhaustivo detalle por su autor.
El motor económico de todo este sistema es la especia melange, una sustancia geriátrica que, además de prolongar la vida, despeja y amplifica la mente, permitiendo así los viajes espaciales, ya que, debido a las restricciones tecnológicas impuestas por la religión y la política, la Cofradía se ve obligada a instruir sujetos con ciertas habilidades de atisbar el futuro que, bajo el efecto de grandes dosis de especia, amplían dichas capacidades prescientes, lo cual les capacita para establecer coordenadas seguras a través de los pliegues del espacio sin demasiado riesgo de materializarse en medio de, por ejemplo, un sol o un agujero negro. Ello unido a la adicción que provoca dicha sustancia en un gran número de personas hace de la melange el producto más deseado por cualquiera con aspiraciones de acceder o mantenerse en el poder.

La trama del primer libro comienza cuando la administración de Arrakis es encomendada como parte de un complot a la Casa Atreides, en detrimento de otra familia, la Casa Harkonnen, enemistados con los Atreides desde tiempos inmemoriales, que había mantenido la gerencia del planeta hasta entonces. El heredero de dicho ducado, el joven Paul Atreides, se traslada entonces al planeta junto con su familia, que establece allí su residencia para cuidar de los negocios. Poco después, su nueva casa es atacada por quienes desean acabar con la creciente popularidad de la familia Atreides y Paul escapa a duras penas, viéndose ahora abandonado en el desierto con su madre, dónde les aguarda una muerte segura.
Jessica, la madre de Paul pertenece a la Hermandad Bene Gesserit, una ancestral orden femenina que ejerce el poder en la sombra, especializada en la diseminación de religiones y mitos entre las sociedades con el fin de usarlos conforme a sus fines en caso necesario, ya sea mañana o dentro de 8000 años, porque si algo caracteriza a “las brujas” es la capacidad de planificar a largo plazo. Ejemplo de ello es el programa eugenésico que desarrollan en secreto desde hace miles de años con el propósito de dar nacimiento a lo que ellas llaman el Kwisatz Haderach, una especie de superhombre con las aptitudes suficientes para decidir el rumbo de la historia y cuyas acciones pretenden dirigir hacia los objetivos de la Hermandad. Una deslealtad impensable por parte de Jessica hacen que el programa fracase y da a luz al Kwisatz Haderach una generación antes de lo previsto, provocando así con el alumbramiento de Paul un trastorno de consecuencias imprevisibles en los planes de la orden. Gracias a las dotes persuasivas de Jessica, ambos consiguen ser aceptados por los recelosos y feroces Fremen, moradores del desierto profundo que han hecho del ahorro de agua su forma de vida en el hostil ecosistema que habitan y son capaces de cabalgar a los gigantescos gusanos de arena que viven en las regiones más áridas del planeta, a los cuales veneran como la manifestación terrenal de su Dios, Shai Hulud. Con el tiempo, Paul adopta el nombre de Muad’Dib y, tras empezar a manifestar sus capacidades prescientes junto a las dotes de liderazgo heredadas de su padre, comienza a convertirse en un mito vivo entre los Fremen, un profeta para guiarlos en la cruenta revolución que culminará con la deposición del emperador y el inicio de una guerra santa que sacudirá el imperio e instalará a Muad´Dib en el trono como dictador absoluto y objeto de adoración fanática en todo el universo.
Estos hechos fluyen de forma simultánea con las ideas sobre ecología, religión y política de Frank Herbert, lo que constituye el mayor atractivo del libro y lo consagra como una de las obras cumbres de la ciencia ficción, si es que Dune puede encajarse en este género.



Ya ha concluido la Jihad de Muad’Dib al inicio de Mesias de Dune (1969), y el poder es ejercido con cinismo por la corrupta Quizarate, el sanedrín gubernamental constituido por los antiguos comandos suicidas del profeta que ahora se sienta en el trono. En este segundo volumen se ralentiza de forma notable el ritmo de la narración y toma un cariz mucho más introspectivo, anticipando el tono que la historia tomará en adelante, especialmente a partir del cuarto libro. El autor se centra ahora en analizar la abrumadora carga que representa para Paul conocer por anticipado cada uno de los detalles de los posibles futuros que aguardan a cada paso y meditar sobre la ineludible perversión surgida en el gobierno teocrático, así como la desidia originada en los antes fervientes seguidores del Mesías, que desemboca en un atentado contra la vida de éste, en el cual pierde los ojos y decide adentrarse voluntariamente en el desierto para morir como manda la tradición Fremen.
En este libro, ha pesar de ser con mucho el más corto de la saga, se dejan ver numerosos factores hasta ahora casi anecdóticos que tendrán una sustancial repercusión en la evolución de la historia. Comienza a tomar verdadero protagonismo el que será uno de los tres personajes más relevantes y único de estos que aparece en los seis libros, el antiguo oficial de la Casa Atreides Duncan Idaho, arquetipo del perfecto soldado y paradigma de la lealtad fanática. Es devuelto a la vida por la Bene Tleilax, conocedores de los secretos de la genética capaces de clonar seres humanos a partir de unas pocas células muertas, individuos a los que se conoce como “gholas”. Es Leto, el hijo de Muad’Dib, el tercer actor determinante en la narración junto a Duncan y su propio padre, lo que nos conduce a Hijos de Dune (1976).

La siguiente entrega cierra lo que se podría considerar la primera etapa en las crónicas de Dune. Nos sitúa nueve años tras la desaparición de Paul, en un imperio gobernado en calidad de regente por su inestable hermana, Alia, en espera de la mayoría de edad de sus hijos, Leto y Ghanima. Estos, debido a su herencia genética, son plenamente conscientes, ya desde el útero materno, tanto de las vidas de todos sus antepasados como de incontables sucesos por venir en una maraña de futuros potenciales. Leto decidirá entonces sacrificar su propia humanidad para poder así tomar el único de estos caminos que asegura la supervivencia de la especie, su Senda de Oro. Para ello se une en una extraña relación de simbiosis con las truchas de arena, el estado embrionario de los grandes gusanos del desierto, comenzando así una mutación en su cuerpo y su mente que lo mantendrá vivo a lo largo de los siglos como un dios viviente para llevar a cabo su plan.

El argumento global trazado en los seis libros ha de entenderse como una unidad, dividida en dos etapas históricas distanciadas miles de años en el tiempo y enormes diferencias de contexto y estilo, cuyo nexo de unión y división a un tiempo es el reinado de Leto II. En Dios Emperador de Dune (1981) se narran los últimos días de dicho periodo.
La lectura de esta novela es la que puede resultar más árida y al mismo tiempo más gratificante de todas. La acción se reduce aquí a su mínima expresión y el texto se convierte en una suerte de complejo tratado político y filosófico sobre el rumbo de la sociedad y la naturaleza del ser humano, expuesto a través de los pensamientos del Dios Emperador. Las elucubraciones del personaje son de tal complejidad y abstracción que la lectura supone un continuo ejercicio de concentración y, por muy tópico que suene, una inducción a la reflexión de muchos de los valores morales que tenemos asumidos de forma casi inconsciente en nuestra sociedad. Con ello no quiero decir ni mucho menos que las conclusiones de Leto II sean extrapolables al mundo real, sencillamente digo que te hace pensar.
Es aquí donde Frank Herbert despliega con más contundencia sus habilidades lingüísticas, haciéndonos sentir sincera compasión por el dios-tirano que mantiene al pueblo, durante más de 3000 años, en una domesticación social tal que lo haga despertar y sobrevivir así a su propio estancamiento. Tras la muerte de Leto se desmoronan por completo las estructuras políticas y morales vigentes hasta entonces y la humanidad se expande hacia lo desconocido de las regiones inexploradas del universo, dando lugar a una nueva diversidad conocida como “La Dispersión”.

En las últimas entregas escritas por Frank Herbert, Herejes de Dune (1984) y Casa Capitular (1985), asistimos a un escenario completamente distinto al planteado al comienzo de la saga, en el que continúa el carácter sesudo abierto en Dios Emperador, aunque con un ritmo algo más colorido y esta vez con la Hermandad Bene Gesserit, de cuya estructura y objetivos conoceremos mucho más, como protagonista en el devenir de los acontecimientos. Hasta ahora poco se conocía sobre este enigmático colectivo y sus constantes manipulaciones. La atención se centra entonces en personajes con nombre y apellidos dentro de las capas altas de dicha organización, de manera que surgen actores con sorprendente carisma dadas las alturas a las que se encuentra ya la historia, entre los que cabe destacar a las Reverendas Madres Odrade y Taraza; Sheeana, la enigmática niña capaz de controlar a los gusanos; el viejo Bashar Miles Teg, legendario líder militar de la Hermandad al cuidado de la enésima encarnación de Duncan Idaho; la extraña Murbella…
La trama despega cuando comienzan a volver hacia el interior de los límites del Antiguo Imperio los descendientes de aquellos que partieron hacia la Dispersión. Entre ellos se cuentan algunos abiertamente hostiles como las Honoradas Matres, cuyo nombre evoca inequívocamente al de la Hermandad pero con unas maneras que no pueden calificarse más que de ultraviloentas y totalitarias hasta el extremo. Poco o nada se sabe de los motivos que inducen a regresar de su aislamiento a estos parientes perdidos y el autor deja caer con cuentagotas la información sobre el desconocido enemigo que fuerza esta huida, manteniendo al lector en la intriga durante todo el relato hasta el final de Casa Capitular, en el que empiezas a intuir la solución al misterio. Un final tan extraño y abierto que si no sabes, como yo en aquel momento, que Frank Herbert dejó al morir un último e inconcluso libro para cerrar su obra, te deja literalmente a cuadros.
Es en estos tres últimos volúmenes donde más se hace patente que en Dune no hay una clara línea divisoria entre buenos y malos, ya que los pocos agentes que actúan con motivaciones puramente altruistas son los que frecuentemente usan métodos más despiadados e inhumanos para la consecución de estos fines. Personalmente los considero superiores a los primeros. Herbert logra de forma brillante captar la atención sobre una trama que avanza de forma tan lenta que tienes la sensación de que no ocurre nada entre tanta parrafada, a veces ininteligible y aún así fascinante por momentos.

Este es un ejercicio de memoria y síntesis muy a la ligera, obviando muchos detalles y personajes importantes, sobre una serie literaria que fue para mí un verdadero descubrimiento y que me ha proporcionado largas horas de entretenimiento, que es lo que busco principalmente en un libro. Dune demuestra con creces que la ficción no es, como se empeñan en argumentar las autoproclamadas élites intelectuales, incompatible en modo alguno con la seriedad y la riqueza conceptual. Era tan sólo cuestión de tiempo que escribiese una entrada sobre esta obra, muy recomendable para cualquiera y absolutamente imprescindible para los amantes de la ciencia ficción.

8 comentarios:

Maricarmen dijo...

Que bien escribes, coño!!!
Que me han entrado ganas y to de ponerme a leerlos... Bueno de momento me seguiré conformando con escucharos a los dos cuando o ponéis a hablar de la saga que mas o menos es lo mismo...;-P

Besitos!!

F. SOTOMAYOR dijo...

¡¡SPOILERS, SPOILERS!!

Está muy bien, tío. Me había planteado alguna vez escribir sobre esto, pero no el cómo. Ya paso, remitiré a quien sea aquí (o a los mega-análisis que hizo en su dia de cada libro el Mithrand en Fantasymundo).

Por cierto, leo que MULTITUD de peña enfilaba a Daniel y Marty (¿asi eran?) más hacia los danzarines rostros de última generación que hacia las MP. En fin, ya veré cuando llegue...

F. SOTOMAYOR dijo...

y otra cosa mamonceta...

"casi sin referencias" dice er tio xD. Pues yo recuerdo al menos un nota dándote por culo en plan "illo, leete esto, que mola tanto como Tolkieeeeeen" xD

Luis Bejarano dijo...

De ahí el "casi" xD, pero poco más sabía vaya, ni la peli del Lynch había visto.

Al final de Casa Capitular, si no sabes nada, no tienes ninguna duda de que son danzarines rostro. Lo de las MP lo vas intuyendo (por especulaciones, no por que diga nada) pero crees que van por otro lao aparte xD

Mari Carmen, a ve si es verda que te entran gana de lee y te apuntas a nuestros engorilamientos frikiles ,jeje (aunque todavía tienes x ahi el del 5º Dia... ;)

Luis Bejarano dijo...

Oye,veo x las horas de vuestros comentarios que no currais mucho en el tajo, ¿no? xD

Maricarmen dijo...

Psssss....Calla....que los blogs los carga el diablo y nunca se sabe quién puede leer esto...que no caiga sobre tu conciencia 2 paraos más...;-p

P.D.1: Esta misma noche me pongo con el 5º Día...que no se diga...

P.D.2: Que mal he quedao con lo del botellón, no? Pero es que era joven, tu sabes...puede que este sábado hagamos algo parecido...esperamos que te apuntes...

Jesus dijo...

Endevé Luis!!! ¿qué tal? A ver si quedamos un día,¿no? Esto va por ti también Félix, que veo que escribes mucho por estos lares.
He visto el blog hoy, que no lo había visto antes.
Un abrazo!!!!!

Luis Bejarano dijo...

Ese Pruden!!! (supongo q eres tu) A ve si es verda y quedamos, tío. Q parece q no vives en Sevilla.
Un abrazo a ti tambien tronco!! :D